domingo, 2 de diciembre de 2018

¿Qué representa el Bastón de Mando de los pueblos indígenas que recibirá AMLO?

                 
EL SOL DE MÉXICO. López Obrador será el primer Presidente que reciba el Bastón de Mando por parte de los pueblos indígenas
Este sábado 1 de diciembre será el día en que, después de tantos años, Andrés Manuel López Obrador cumplirá su objetivo, ser Presidente de México pero eso no es todo, también representará a los pueblos indígenas. Además del protocolo tradicional, en el que el tabasqueño recibirá la banda presidencial, los pueblos originarios indígenas le entregaran el Bastón de Mando, ello lo convertirá en el primer Presidente que reciba el Bastón de Mando.
El bastón es un símbolo de respeto a la aceptación del cargo y representa el buen gobierno de los pueblos y para los pueblos.
En la tradición indígena, el bastón de mando se entrega en el primer minuto del nuevo día en que comienza a ejercer su autoridad.
Sin embargo, por cuestiones de organización, no es posible que a esa hora se le dé a López Obrador, por ello será en la tarde.
En la ceremonia de entrega estarán presentes los 32 gobernadores indígenas de la nación, informó Hipólito Arriaga, gobernador nacional indígena
Recordó que con los gobiernos del PRI Y PAN no tenían ni voz ni voto, pero “ahora si la vamos a tener, porque con los amparos y exigencias que hemos hecho en todos los estados ya vamos caminando”.
López Obrador también recibirá un Árbol de la vida, que está hecho por todas las lenguas maternas de todas las etnias.
Cabe recordar que durante la campaña electoral, López Obrador recibió de diversas comunidades indígenas bastones de mando como símbolo de respeto. Algunos también ponían flores en su cabeza, collares de pan y hasta le hicieron limpias para alejar las malas vibras.

jueves, 29 de noviembre de 2018

¿Que representa para los periodistas seguir a los médicos cubanos?



Lo que no publicaron al hacer la cobertura, lo que sienten tres años después de haber acompañado al desempeño de Más Médicos, en Brasil, y lo que representa para nuestros periodistas andar tras las huellas de los colaboradores cubanos por el mundo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexiones a propósito del pensamiento crítico en Nuestra América


Muchos pensaron que con el triunfo de Mauricio Macri y la elección de Jair Bolsonaro el pensamiento de Nuestra América caería una vez más en los nefandos extravíos del neofascismo, de la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el racismo. Es decir, en el pensamiento reaccionario en todas sus variantes, y que el pensamiento crítico había llegado a su ocaso. Pero la extraordinaria convocatoria del Primer Foro Mundial del  Pensamiento Crítico convocado por CLACSO en Buenos Aires pone seriamente en cuestión esa expectativa largamente acariciada por la derecha. No sólo por la gran cantidad de intelectuales y políticos de todo el mundo que acudieron a la cita sino por el clima que se palpaba en la multitudinaria concurrencia y la receptividad demostrada ante diversas intervenciones que no sólo cuestionaban el saber convencional de las ciencias sociales, comenzando por la Economía, sino que expresaban la profunda convicción de que el camino neoliberal por el cual algunos gobiernos están llevando a nuestros países conduce inexorablemente a un holocausto social y ecológico de inéditas proporciones.
Ante esa amenaza es necesario construir una alternativa política, y esa requiere el aporte imprescindible del pensamiento crítico que permita trazar una hoja de ruta para evitar el derrumbe catastrófico de la vida civilizada. Hay que hacer un análisis concreto de nuestras dolorosas realidades y un profundo trabajo de organización en el fragmentado y atomizado campo popular que permita enfrentar a los hiper-organizados (en Davos, en el Grupo de Bildelberg, en el G-7, etcétera) enemigos de clase. Hacer también un no menos crucial trabajo de concientización para exponer el lento genocidio que perpetran las clases dominantes del capitalismo mundial (contra los adultos mayores, los jóvenes, las mujeres, los pueblos originarios, los afrodescendientes, entre tantos otros) y para que todas y todos perciban que otro mundo es posible, que eso no es una quimera sino un “principio esperanza” como decía Ernst Bloch o una utopía realizable, como en su momento fue la jornada de ocho horas.
Por lo tanto: organización, unidad en la lucha, concientización y una sofisticada estrategia política de construcción de poder popular que no debe, bajo ninguna circunstancia, reducirse al sólo momento electoral. La clase dominante, el gran empresariado y sus aliados, luchan a diario por sus intereses y jamás detienen sus empeños para ajustarse al calendario electoral. Como dijo una vez el magnate húngaro-norteamericano George Soros, “los mercados votan todos los días”,  y a nosotros nos llaman a votar cada dos o cuatro años. Debemos hacer lo mismo y luchar a diario con independencia del calendario electoral. Y tomando nota, además, de los profundos cambios registrados en la subjetividad de las clases y capas populares que empuja a algunos de sus sectores a votar por sus verdugos. Cambios que son consecuencia del fabuloso desarrollo de la informática y los medios de comunicación que permite llegar hasta las capas más profundas del inconsciente y, desde allí, manipular la conducta política de la población.
Lo ocurrido en Brasil con la elección de Bolsonaro es una lección que no puede ser olvidada Para esta larga y difícil batalla se requiere mucha inteligencia, mucha fuerza y mucha pasión sin las cuales nada podrá construirse. Ante algunos apasionados  cantitos de la enfervorizada concurrencia al Foro, entre ellos el famoso “hit del verano”,  la ex presidenta Cristina Fernández lanzó una oportuna recomendación: “no gritemos ni insultemos porque perdemos tiempo para pensar lo importante.” De eso se trata: de no distraernos y pensar lo importante, es decir, de cómo retornar al gobierno y desde ahí, y con el pueblo en las calles, movilizado y organizado, conquistar el poder. Lo demás es pura catarsis, que tranquiliza algunos espíritus pero que condena a la impotencia política a quienes la cultivan
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López Obrador ‘es un presidente que escucha’, señalan maestros del SNTE


Los maestros se reunieron durante más de 40 minutos con el presidente electo, donde le plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Profesores de todo el país afines a la maestra Elba Esther Gordillo Morales fueron recibidos por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.
Luego de varios minutos de gritar consignas como: “¡Ya cayó, la reforma ya cayó y espera, aguanta Elba se levanta!”, una comisión de maestros ingresó a la oficina de Chihuahua 216 de la colonia Roma.
De ahí fueron conducidos al despacho del futuro presidente de la República, quien se encontraba con la senadora Olga Sánchez Cordero, que encabezará la Secretaría de Gobernación, y Esteban Moctezuma Barragán, propuesto para ocupar la Secretaría de Educación Pública (SEP) a partir del 1 de diciembre de este año.
Después de casi 40 minutos de reunión, López Obrador -contrario a su costumbre- salió de su oficina al patio de Chihuahua 216 y junto con los maestros conformaron un círculo en señal de unidad y se dejaron fotografiar por los medios de comunicación.
Más tarde, López Obrador regresó a su privado, pero antes de hacerlo saludó desde el balcón al resto de docentes que no pudo ingresar a la reunión en la que estuvo presente Rafael Ochoa, de la organización Maestros por México.
En seguida, la maestra Dominga Escobar Luis, integrante de la coordinación operativa de Maestros por México de Oaxaca, reveló que durante el encuentro con el presidente electo, plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), desconocer la actual diligencia gremial, buscar una educación de excelencia e iniciar un proceso para que en el mes de enero del 2019 de convoque a una nueva elección de la dirigencia magisterial.
“Sobre el primer punto hemos puesto de manera tácita el no reconocimiento a la actual dirección del sindicato, desconocemos a Alfonso Cepeda como dirigente nacional, planteamos un proceso de elección para el mes de enero que sea bajo la votación o el ejercicio del voto universal, directo y secreto”, afirmó.
De acuerdo con Dominga Escobar, la nueva dirigencia tiene que estar representada por todos, es decir, debe ser plural y con piso parejo para todos.
“Son dos puntos que hemos puesto de manera concreta con el presidente, hemos avanzado en que se nos ha escuchado, se va a escuchar a todas las partes para arribar a un proceso de elección que le de legitimidad a quién nos represente”, detalló la maestra, al señalar que su movimiento congrega a 250 mil docentes a lo largo de las 32 entidades federativas.
Dijo que López Obrador es un presidente que escucha y de apertura con todas las representaciones del sindicato magisterial.
Recalcó que “el compromiso” es que se va hacer un proceso de elección donde puedan representarse todos los compañeros de base, “para enero lo estamos planteando”, insistió.

martes, 27 de noviembre de 2018

Partido único en #Cuba: ¿el pluripartidismo es la solución?

PCC 3

RAZONES DE CUBA. Casi tanto como la decisión de construir el socialismo y transformar las relaciones de producción de corte burgués-liberal, a la Revolución se le ataca por la estructuración del poder estatal y por los elementos ideológicos, funcionales y normativos que acompañan su desempeño.
En los últimos años nuestro modelo social y económico ha venido siendo objeto de una actualización para atemperarlo a los requerimientos de la época y del contexto geopolítico. Se hace impensable repetir fórmulas de antaño cuando hoy impera un orden mundial signado por la unipolaridad.
Sin embargo, esta actualización no ha socavado uno de los principios fundamentales del socialismo cubano en materia sociopolítica: el sistema de Partido único, como guía y rector de la sociedad y el Estado. De ello es muestra fehaciente el anteproyecto constitucional que actualmente se discute para su presentación a referendo aprobatorio en febrero próximo.
Sin duda, existen fundamentos históricos que respaldan este sistema. Ya en el siglo XIX, aun cuando los independentistas coincidieran en la imperiosa necesidad de separar a Cuba de España por medio de la insurrección armada, no existía un proyecto político uniforme que diera solución a las ya clásicas problemáticas en torno a la conducción de la guerra y la implantación futura del Estado cubano soberano.
La falta de unidad en las fuerzas revolucionarias fue un factor decisivo en la firma del Pacto del Zanjón, en el rotundo fracaso de la Guerra Chiquita y en el fallido Plan Gómez-Maceo, por solo citar algunos ejemplos. Por ello José Martí pensó en la necesidad de fundar un Partido, que aglutinara y coordinara los esfuerzos de los patriotas independentistas y guiara una Revolución que no se limitaría al éxito militar, sino que implantaría un nuevo orden, una república “con todos y para el bien de todos”. Una Revolución que no sucumbiera ni antes los esfuerzos colonialistas por preservar el statu quo, ni ante la vocación antinacionalista y plañidera de reformistas y anexionistas.
Un Partido que desafiara poderosas fuerzas dentro y fuera del ámbito nacional y social, pudiera decirse.
Son conocidas las desavenencias entre Martí y Maceo con respecto a cómo se debería conducir la guerra, y la pérdida de autoridad que sufriera el Partido luego de la muerte del Apóstol y las actitudes traicioneras y medrosas de Tomás Estrada Palma; pero es indiscutible que el Partido Revolucionario Cubano fue vital para el inicio de la guerra del ´95 y la concreción de un proyecto político que, aunque frustrado por la intervención estadounidense y la escasa asimilación por parte del mambisado del pensamiento martiano en toda su extensión y en todo su peso, daría sus frutos años después.
La historia del PRC de Martí fue una poderosa influencia en el proceso revolucionario que comenzara con el asalto al Cuartel Moncada y que tuviera su coronación el 1ro de enero de 1959. Es, sin embargo, luego del triunfo revolucionario cuando se evidencia aún más la necesidad de unir todas las fuerzas en función del mismo fin. Primero con las ORI, luego con el PURS y finalmente el PCC (en cuya denominación siempre es válido declarar la marcada influencia del campo socialista y del pensamiento soviético), la Revolución buscó la unidad de acción política en un país asediado por las fuerzas reaccionarias del hemisferio occidental.
En la actualidad, persiste la necesidad de esa unidad de acción política, en un escenario complejo donde no faltan falsos profetas que propugnan un retroceso a modelos de clientelismo político y cacicazgos locales.
¿Podría ser viable un modelo pluripartidista en Cuba que no sucumbiera ante la voluntad hegemonista de los enemigos de la Revolución? El pasado y el presente nos enseñan que la dispersión de las fuerzas políticas de izquierda, por muy buenas intenciones que estas tengan, solo sirve para pavimentar el camino hacia el ejercicio del poder político público por parte de coaliciones de derecha.
En el mundo de la política, los actos son exteriorizaciones de intereses. Y el sistema de partido único es el que defiende la idea de someter la ideología de un sistema político a un solo orden de intereses: los intereses del pueblo. Y el Partido, como vanguardia organizada de ese pueblo, no solo debe interpretar y dilucidar esos intereses (en clave democrática, de acuerdo a la ley de mayorías), sino que debe proyectar estrategias que coadyuven al aparato estatal a tomar decisiones acordes con esos intereses.
Es pertinente, por ende, dilucidar fundamentos jurídicos que respalden esas funciones del Partido, ese papel que debe tener en la política nacional y en la compleja dinámica del sistema político cubano.
El modelo de Partido único en Cuba se define en la Constitución, que instituye al PCC como guía del Estado y de la sociedad. Pero el PCC no tiene funciones electorales, no tiene potestad para nominar o designar un candidato, para remover un cargo administrativo o para suplantar atribuciones estatales como la impartición de justicia o la administración pública.
El modelo de Partido único no puede emularse al de “unipartidismo” o “monopartidismo”, pues esto implicaría que el PCC acudiera a las elecciones como única opción posible. En cambio, la ley cubana no establece como requisito para ser candidato (en ningún nivel de la magistratura pública) el ser militante. Es decir, el Partido único está muy cerca de lo que podemos llamar “apartidismo”, un modelo político en el que lo que importa no es la filiación a una organización sino la sujeción a intereses y voluntades populares.
Hoy, el modelo de Partido único es blanco de ataques por parte de la plataforma de restauración capitalista que se urde para Cuba, y que para ello se vale de medios impresos y digitales, propaganda en redes sociales, creación y difusión de contenidos academicistas, tergiversación de la historia y del ordenamiento jurídico, etc.
La defensa que debemos hacer del rol del PCC ha de basarse en la profundización del conocimiento sobre la distinción entre Partido y Estado, como elementos del sistema político cubano, la diferenciación de las funciones partidistas (en todos sus diversos niveles) y la promoción de investigaciones que brinden sustento científico a la defensa de esta faceta tan distintiva de nuestra realidad política y social.