Por Iroel Sánchez
Una amiga brasileña que como periodista
ha estado unos días en Cuba me comentaba su asombro acerca de cómo todos
los cubanos con quien habló saben quién es Bolsonaro, quién es Dilma y
quién es Lula, lo que no le sucedía en otros países latinoamericanos que
había visitado recientemente.
El excepcional interés con el que los
cubanos siguen los acontecimientos internacionales es algo muy
particular que suele pasar inadvertido para quienes vivimos en la Isla.
Ahora mismo, los estallidos sociales en Haití, Chile, Panamá y Ecuador,
el conflicto de poderes en Perú, las interminables represiones y
asesinatos de líderes sociales en Honduras y Colombia, la
ingobernabilidad heredada que obliga al gobierno de México a liberar a
un narcotraficante, la prisión injusta del líder de la izquierda
brasileña para impedir su segura victoria electoral y las elecciones en
Bolivia y Argentina, las agresiones constantes de Estados Unidos contra
Venezuela, o el Ucraniagate en que anda sumido Donald Trump, pueden ser
tema de conversación en cualquier lugar de Cuba, desde una esquina
donde se juega dominó a un aula universitaria.