jueves, 29 de noviembre de 2018
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Reflexiones a propósito del pensamiento crítico en Nuestra América
Por Atilio Borón
Muchos pensaron que con el triunfo de Mauricio Macri y la elección de Jair Bolsonaro el pensamiento de Nuestra América caería una vez más en los nefandos extravíos del neofascismo, de la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el racismo. Es decir, en el pensamiento reaccionario en todas sus variantes, y que el pensamiento crítico había llegado a su ocaso. Pero la extraordinaria convocatoria del Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico convocado por CLACSO en Buenos Aires pone seriamente en cuestión esa expectativa largamente acariciada por la derecha. No sólo por la gran cantidad de intelectuales y políticos de todo el mundo que acudieron a la cita sino por el clima que se palpaba en la multitudinaria concurrencia y la receptividad demostrada ante diversas intervenciones que no sólo cuestionaban el saber convencional de las ciencias sociales, comenzando por la Economía, sino que expresaban la profunda convicción de que el camino neoliberal por el cual algunos gobiernos están llevando a nuestros países conduce inexorablemente a un holocausto social y ecológico de inéditas proporciones.
Ante esa amenaza es necesario construir una alternativa política, y esa requiere el aporte imprescindible del pensamiento crítico que permita trazar una hoja de ruta para evitar el derrumbe catastrófico de la vida civilizada. Hay que hacer un análisis concreto de nuestras dolorosas realidades y un profundo trabajo de organización en el fragmentado y atomizado campo popular que permita enfrentar a los hiper-organizados (en Davos, en el Grupo de Bildelberg, en el G-7, etcétera) enemigos de clase. Hacer también un no menos crucial trabajo de concientización para exponer el lento genocidio que perpetran las clases dominantes del capitalismo mundial (contra los adultos mayores, los jóvenes, las mujeres, los pueblos originarios, los afrodescendientes, entre tantos otros) y para que todas y todos perciban que otro mundo es posible, que eso no es una quimera sino un “principio esperanza” como decía Ernst Bloch o una utopía realizable, como en su momento fue la jornada de ocho horas.
Por lo tanto: organización, unidad en la lucha, concientización y una sofisticada estrategia política de construcción de poder popular que no debe, bajo ninguna circunstancia, reducirse al sólo momento electoral. La clase dominante, el gran empresariado y sus aliados, luchan a diario por sus intereses y jamás detienen sus empeños para ajustarse al calendario electoral. Como dijo una vez el magnate húngaro-norteamericano George Soros, “los mercados votan todos los días”, y a nosotros nos llaman a votar cada dos o cuatro años. Debemos hacer lo mismo y luchar a diario con independencia del calendario electoral. Y tomando nota, además, de los profundos cambios registrados en la subjetividad de las clases y capas populares que empuja a algunos de sus sectores a votar por sus verdugos. Cambios que son consecuencia del fabuloso desarrollo de la informática y los medios de comunicación que permite llegar hasta las capas más profundas del inconsciente y, desde allí, manipular la conducta política de la población.
Lo ocurrido en Brasil con la elección de Bolsonaro es una lección que no puede ser olvidada Para esta larga y difícil batalla se requiere mucha inteligencia, mucha fuerza y mucha pasión sin las cuales nada podrá construirse. Ante algunos apasionados cantitos de la enfervorizada concurrencia al Foro, entre ellos el famoso “hit del verano”, la ex presidenta Cristina Fernández lanzó una oportuna recomendación: “no gritemos ni insultemos porque perdemos tiempo para pensar lo importante.” De eso se trata: de no distraernos y pensar lo importante, es decir, de cómo retornar al gobierno y desde ahí, y con el pueblo en las calles, movilizado y organizado, conquistar el poder. Lo demás es pura catarsis, que tranquiliza algunos espíritus pero que condena a la impotencia política a quienes la cultivan
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López Obrador ‘es un presidente que escucha’, señalan maestros del SNTE
Por Isabel González
Los maestros se reunieron durante más de 40 minutos con el presidente electo, donde le plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Profesores de todo el país afines a la maestra Elba Esther Gordillo Morales fueron recibidos por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.
Luego de varios minutos de gritar consignas como: “¡Ya cayó, la reforma ya cayó y espera, aguanta Elba se levanta!”, una comisión de maestros ingresó a la oficina de Chihuahua 216 de la colonia Roma.
De ahí fueron conducidos al despacho del futuro presidente de la República, quien se encontraba con la senadora Olga Sánchez Cordero, que encabezará la Secretaría de Gobernación, y Esteban Moctezuma Barragán, propuesto para ocupar la Secretaría de Educación Pública (SEP) a partir del 1 de diciembre de este año.
Después de casi 40 minutos de reunión, López Obrador -contrario a su costumbre- salió de su oficina al patio de Chihuahua 216 y junto con los maestros conformaron un círculo en señal de unidad y se dejaron fotografiar por los medios de comunicación.
Más tarde, López Obrador regresó a su privado, pero antes de hacerlo saludó desde el balcón al resto de docentes que no pudo ingresar a la reunión en la que estuvo presente Rafael Ochoa, de la organización Maestros por México.
En seguida, la maestra Dominga Escobar Luis, integrante de la coordinación operativa de Maestros por México de Oaxaca, reveló que durante el encuentro con el presidente electo, plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), desconocer la actual diligencia gremial, buscar una educación de excelencia e iniciar un proceso para que en el mes de enero del 2019 de convoque a una nueva elección de la dirigencia magisterial.
“Sobre el primer punto hemos puesto de manera tácita el no reconocimiento a la actual dirección del sindicato, desconocemos a Alfonso Cepeda como dirigente nacional, planteamos un proceso de elección para el mes de enero que sea bajo la votación o el ejercicio del voto universal, directo y secreto”, afirmó.
De acuerdo con Dominga Escobar, la nueva dirigencia tiene que estar representada por todos, es decir, debe ser plural y con piso parejo para todos.
“Son dos puntos que hemos puesto de manera concreta con el presidente, hemos avanzado en que se nos ha escuchado, se va a escuchar a todas las partes para arribar a un proceso de elección que le de legitimidad a quién nos represente”, detalló la maestra, al señalar que su movimiento congrega a 250 mil docentes a lo largo de las 32 entidades federativas.
Dijo que López Obrador es un presidente que escucha y de apertura con todas las representaciones del sindicato magisterial.
Recalcó que “el compromiso” es que se va hacer un proceso de elección donde puedan representarse todos los compañeros de base, “para enero lo estamos planteando”, insistió.
martes, 27 de noviembre de 2018
Partido único en #Cuba: ¿el pluripartidismo es la solución?
RAZONES DE CUBA. Casi tanto como la decisión de construir el socialismo y transformar las relaciones de producción de corte burgués-liberal, a la Revolución se le ataca por la estructuración del poder estatal y por los elementos ideológicos, funcionales y normativos que acompañan su desempeño.
En los últimos años nuestro modelo social y económico ha venido siendo objeto de una actualización para atemperarlo a los requerimientos de la época y del contexto geopolítico. Se hace impensable repetir fórmulas de antaño cuando hoy impera un orden mundial signado por la unipolaridad.
Sin embargo, esta actualización no ha socavado uno de los principios fundamentales del socialismo cubano en materia sociopolítica: el sistema de Partido único, como guía y rector de la sociedad y el Estado. De ello es muestra fehaciente el anteproyecto constitucional que actualmente se discute para su presentación a referendo aprobatorio en febrero próximo.
Sin duda, existen fundamentos históricos que respaldan este sistema. Ya en el siglo XIX, aun cuando los independentistas coincidieran en la imperiosa necesidad de separar a Cuba de España por medio de la insurrección armada, no existía un proyecto político uniforme que diera solución a las ya clásicas problemáticas en torno a la conducción de la guerra y la implantación futura del Estado cubano soberano.
La falta de unidad en las fuerzas revolucionarias fue un factor decisivo en la firma del Pacto del Zanjón, en el rotundo fracaso de la Guerra Chiquita y en el fallido Plan Gómez-Maceo, por solo citar algunos ejemplos. Por ello José Martí pensó en la necesidad de fundar un Partido, que aglutinara y coordinara los esfuerzos de los patriotas independentistas y guiara una Revolución que no se limitaría al éxito militar, sino que implantaría un nuevo orden, una república “con todos y para el bien de todos”. Una Revolución que no sucumbiera ni antes los esfuerzos colonialistas por preservar el statu quo, ni ante la vocación antinacionalista y plañidera de reformistas y anexionistas.
Un Partido que desafiara poderosas fuerzas dentro y fuera del ámbito nacional y social, pudiera decirse.
Son conocidas las desavenencias entre Martí y Maceo con respecto a cómo se debería conducir la guerra, y la pérdida de autoridad que sufriera el Partido luego de la muerte del Apóstol y las actitudes traicioneras y medrosas de Tomás Estrada Palma; pero es indiscutible que el Partido Revolucionario Cubano fue vital para el inicio de la guerra del ´95 y la concreción de un proyecto político que, aunque frustrado por la intervención estadounidense y la escasa asimilación por parte del mambisado del pensamiento martiano en toda su extensión y en todo su peso, daría sus frutos años después.
La historia del PRC de Martí fue una poderosa influencia en el proceso revolucionario que comenzara con el asalto al Cuartel Moncada y que tuviera su coronación el 1ro de enero de 1959. Es, sin embargo, luego del triunfo revolucionario cuando se evidencia aún más la necesidad de unir todas las fuerzas en función del mismo fin. Primero con las ORI, luego con el PURS y finalmente el PCC (en cuya denominación siempre es válido declarar la marcada influencia del campo socialista y del pensamiento soviético), la Revolución buscó la unidad de acción política en un país asediado por las fuerzas reaccionarias del hemisferio occidental.
En la actualidad, persiste la necesidad de esa unidad de acción política, en un escenario complejo donde no faltan falsos profetas que propugnan un retroceso a modelos de clientelismo político y cacicazgos locales.
¿Podría ser viable un modelo pluripartidista en Cuba que no sucumbiera ante la voluntad hegemonista de los enemigos de la Revolución? El pasado y el presente nos enseñan que la dispersión de las fuerzas políticas de izquierda, por muy buenas intenciones que estas tengan, solo sirve para pavimentar el camino hacia el ejercicio del poder político público por parte de coaliciones de derecha.
En el mundo de la política, los actos son exteriorizaciones de intereses. Y el sistema de partido único es el que defiende la idea de someter la ideología de un sistema político a un solo orden de intereses: los intereses del pueblo. Y el Partido, como vanguardia organizada de ese pueblo, no solo debe interpretar y dilucidar esos intereses (en clave democrática, de acuerdo a la ley de mayorías), sino que debe proyectar estrategias que coadyuven al aparato estatal a tomar decisiones acordes con esos intereses.
Es pertinente, por ende, dilucidar fundamentos jurídicos que respalden esas funciones del Partido, ese papel que debe tener en la política nacional y en la compleja dinámica del sistema político cubano.
El modelo de Partido único en Cuba se define en la Constitución, que instituye al PCC como guía del Estado y de la sociedad. Pero el PCC no tiene funciones electorales, no tiene potestad para nominar o designar un candidato, para remover un cargo administrativo o para suplantar atribuciones estatales como la impartición de justicia o la administración pública.
El modelo de Partido único no puede emularse al de “unipartidismo” o “monopartidismo”, pues esto implicaría que el PCC acudiera a las elecciones como única opción posible. En cambio, la ley cubana no establece como requisito para ser candidato (en ningún nivel de la magistratura pública) el ser militante. Es decir, el Partido único está muy cerca de lo que podemos llamar “apartidismo”, un modelo político en el que lo que importa no es la filiación a una organización sino la sujeción a intereses y voluntades populares.
Hoy, el modelo de Partido único es blanco de ataques por parte de la plataforma de restauración capitalista que se urde para Cuba, y que para ello se vale de medios impresos y digitales, propaganda en redes sociales, creación y difusión de contenidos academicistas, tergiversación de la historia y del ordenamiento jurídico, etc.
La defensa que debemos hacer del rol del PCC ha de basarse en la profundización del conocimiento sobre la distinción entre Partido y Estado, como elementos del sistema político cubano, la diferenciación de las funciones partidistas (en todos sus diversos niveles) y la promoción de investigaciones que brinden sustento científico a la defensa de esta faceta tan distintiva de nuestra realidad política y social.
lunes, 26 de noviembre de 2018
La invaluable fortuna de Fidel (+Fotos)
ACN. Dos años se cumplen ya de su partida y, con esa relatividad que suele acompañarnos a la hora de medir el tiempo -sentimientos y estados de ánimo mediante-, unas veces nos parece que fue ayer y, otras, que hace un siglo. Pero, sea como sea, lo cierto es que a Fidel se le extraña y que nos hace falta, más y más cada día.
Convencido estuvo siempre y hasta el final nos lo dijo: Los hombres mueren, perduran las ideas. Pasados dos años, después de llorarlo a mares y hacer lo que cualquier familia cuando un ser queridísimo se va, aquí estamos, herederos de sus obras y, más aún, de sus ideas y ejemplo, esa invaluable fortuna que nos legó y ha de ser bien empleada, compartida y multiplicada.
Convencido estuvo siempre y hasta el final nos lo dijo: Los hombres mueren, perduran las ideas. Pasados dos años, después de llorarlo a mares y hacer lo que cualquier familia cuando un ser queridísimo se va, aquí estamos, herederos de sus obras y, más aún, de sus ideas y ejemplo, esa invaluable fortuna que nos legó y ha de ser bien empleada, compartida y multiplicada.
Para eso se trabaja. Menos de cinco meses después de aquel aciago 25 de noviembre, en esa Universidad de La Habana donde -son sus palabras- se hizo revolucionario, fue constituida la Cátedra Honorífica Fidel Castro Ruz, y a ese esfuerzo se ha sumado otro, todavía mayor, para estrenar a fines de 2019, en la capital del país, un centro destinado al estudio y difusión de su pensamiento y obra.
Bienvenido cuanto se haga, con la certeza de que será siempre poco.
Segura estoy de que nos faltará vida para llegar al fondo y alcanzar el horizonte de su pensamiento. Un pensamiento que el Doctor en Ciencias Filosóficas René Márquez Castro, Profesor Titular y Consultante de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba “Ñico López”, no vacila en calificar de prolífico y precursor.
“Estudiar y aprehender sus ideas constituye un imperativo. No es tarea para los tiempos por venir y los que están por nacer. Ni siquiera se trata de las jóvenes generaciones presentes. Nos toca también y ante todo a quienes crecimos escuchándolo, lo acompañamos en cada batalla y hemos de continuar luchando.
“¿Su mayor contribución? Si debo escoger, diría que demostrar en la práctica la fecundidad del Marxismo y del Leninismo. Lenin habló de lo nuevo que cada proceso revolucionario ha de aportar. Repetir cual calco la experiencia de anteriores procesos, además de craso error habría sido imposible en nuestro caso. Creación heroica debía ser, como afirmó Mariátegui. El Marxismo solo podía germinar en el procesocubano como expresión de lo nacional, a partir de las condiciones históricas concretas en las que se gesta, libra, triunfa y se desenvuelve la Revolución Cubana.
“Lo expresó el Comandante el 10 de octubre de 1968, que no podríamos siquiera entender el Marxismo ni llamarnos marxistas, si no empezábamos por comprender el proceso de la Revolución, resultado de esos 100 años de lucha transcurridos hasta entonces, del desarrollo del movimiento político y la conciencia revolucionaria, armada del
Marxismo-Leninismo, que vino a completar el acervo, el arsenal de la experiencia revolucionaria y la historia del país.
“El de ese día en Demajagua es un discurso imprescindible. De ahí también es la frase "Y a los revolucionarios cubanos más que a nadie nos hace falta tanto cuanto sea posible ahondar en esas ideas, ahondar en ese manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana". Se refería a Martí, pero igual puede decirse de él, porque es así y ambos resultan indispensables para continuar la marcha”.
Es curioso. Durante casi toda la entrevista, el Doctor Márquez Castro habló en presente de Fidel y con esa admiración que la genialidad despierta. “Porque es genial, como también dialéctico, imposible de encasillar ni de atrapar en moldes, con una insaciable sed de conocimientos, apasionado, optimista tenaz y antidogmático por excelencia. Pensemos nada más que, de atenerse al manual y seguir recetas, probablemente la Revolución no se hubiese hecho”.
A estas alturas de la plática, menciono ese “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, presente en su concepto de Revolución, y aquel discurso memorable del 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna, cuando alertó sobre un real peligro de autodestrucción y nos llamó a replantearnos prácticamente todo, a encarar nuestros yerros y a enfrentar y vencer viejos y nuevos demonios. Entonces iba ya camino a los 80 y no es común que a esa edad…
“Pero es que -salta mi interlocutor- ese espíritu lo acompañó siempre. Ahí están, por ejemplo, sus intervenciones en el Segundo Congreso del Partido y su llamado a la rectificación de errores y tendencias negativas en los años 80 del siglo XX. Nada más ajeno a él que la complacencia -especialmente consigo mismo- ni más propio que la insatisfacción crítica, el reconocimiento de los errores como una condición natural en la búsqueda incesante de la verdad.
“Y hay más. En aquella telúrica tarde-noche de noviembre de 2005 nos instó a ser audaces, creativos. Necesitamos -dijo- muchas ideas, bien claras, y muchas preguntas, acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el Socialismo.
“Ese es Fidel, el de pensamiento inquieto, el que indaga hasta llegar al fondo, el que cuestiona, bombardea a preguntas, maneja la duda como un elemento de su racionalidad, y para quien nada hay más antimarxista que la petrificación de las ideas. Fidel es gobierno y oposición a la vez, afirmó su gran amigo, Gabriel García Márquez, y no le faltaba razón.
“En el Aula Magna, al reflexionar sobre errores y peligros, responde al pesimista "Esto no lo arregla nadie" con un "Esto lo va a arreglar el pueblo", que lo retrata como el paradigma de conductor que será eternamente, con esa extraordinaria capacidad de movilización, fruto de una autoridad moral ganada a fuerza de ejemplo, y de esa conexión con el pueblo, que de mágica solo tiene su carisma, y sí mucho de entrega total, vínculo permanente, el no mentir jamás, hablar claramente, explicar, razonar y, por supuesto, escuchar a la gente.
“Hay mucho que escudriñar en sus ideas, un mundo que aprender de Fidel. Este también es su tiempo, y como hizo él con Martí, nos toca ahora asumir también el legado de este otro iluminado. Juntos tienen bastante que decirnos, por ejemplo, sobre la unidad -esencial para el éxito de todo programa político-, ese consenso del que tanto se habla ahora, y el pesado lastre que suponen la opinión servil y la falsa unanimidad.
“En su visita a Chile durante el gobierno de Allende, dijo Fidel algo tremendamente dialéctico, y es que lo ideal en política es la unidad: de criterios, de doctrina, de fuerzas, de mando. Es lo ideal, pero otra cosa es lo real, y ha de buscarse unidad de objetivos, unidad en determinadas cuestiones, puesto que no se puede lograr el ideal de una unidad absoluta en todo.
“Tenemos mucho que aprender de Fidel sobre política, para él la primera de las artes y las ciencias e, incluso, más arte que ciencia. Aprender de sus cualidades revolucionarias y excepcionales dotes como conductor; de su espíritu indoblegable, pasión por la verdad, sentido del deber, humanismo, apego a los principios, modestia; de su indeclinable voluntad de sembrar ideas y conciencia; su fe -la de Martí- en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud.
“Hay, repito, que escuchar a Fidel, leerlo, estudiarlo, descubrirlo. Lo otro sería reducir ese manantial de ideas a una que
otra frase, colocada aquí y allá, a veces en lugares donde lo que se hace es la antítesis de su pensamiento y obrar revolucionarios. Y es peligroso, porque puede vaciarla de contenido, hacerle perder sentido.
“Dos años atrás, movido por la exaltación, el amor, la gratitud, el dolor, un pueblo entero gritó: ¡Yo soy Fidel! Sin embargo, además de poderoso sentimiento, ser fidelista es conocimiento, brújula, arsenal, derrotero. Tenemos que hacer para que lo sea por siempre, tanto más según pase el tiempo.
“Retador es el camino, pero en los cambios económicos, sociales y políticos que vienen sucediéndose y los que el futuro exija para la construcción del Socialismo próspero y sostenible al que aspiramos, está y estará la huella de Fidel; como está y estará en cada paso hacia la conquista de un mundo mejor, con equidad y justicia para todos, en la práctica de la solidaridad y el internacionalismo, en la lucha incansable contra el imperialismo y sus desmanes y por la integración latinoamericana y caribeña y la preservación del planeta y de la especie humana”.
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