viernes, 2 de febrero de 2018

Donald habló del estado de Trump

Por Anisley Torres Santesteban

DISC UNION TRUMP
Donald Trump ha hablado otra vez, desde el Congreso a todo el país y el mundo en lo que se conoce como el discurso sobre el Estado de la Unión, en este sentido sería el primero de su tipo que da, pero a pesar de su extensión: una hora y 20 minutos —largo en comparación con el de sus predecesores— estuvo repleto de frases repetidas, no hubo asombro con los temas y de nuevo presenciamos un panegírico que desconoce la modestia hacia su propia gestión.
Escuchando su arenga, me preguntaba si el señor Trump habita en una realidad paralela o vive en una tercera dimensión, al decir cosas como «una nueva oleada de optimismo recorría el país», en referencia a su primera comparecencia en el Capitolio de Washington.
¿Es optimismo lo que percibe? Buen filtro debe tener para no ver o sentir la incomodidad que recorre las calles donde se le ha comparado con una rata o una gallina, por solo mencionar dos. A esta idea le seguían otras donde predominaban los adjetivos apologéticos: «avances increíbles y resultados extraordinarios». Le siguieron anécdotas y más anécdotas de las heroicidades de los norteamericanos para coronar las historias con un derroche de narcisismo a la «american way» o manera americana: «no hay pueblo en la tierra tan valiente, audaz y decidido como el estadounidense».
El hecho de singularizar su discurso y nombrar a hombres de carne y hueso es un muy buen recurso para llegar a su oyente, de indudable efecto. En medio de tanta loa, incorporó resumidos ejemplos de logros concretos y seductores para su público: la creación de puestos de trabajo, subida de salarios, la confianza del empresariado y por supuesto, no podía faltar los bombos y platillos para su amada reforma fiscal, la misma que privilegia exclusivamente a los de su especie, los aplastantemente ricos.
Tuvo incluso espacio para hablar de salud y mentir de la manera más descarada al prometer rebajar los precios de los medicamentos, y esto lo dijo el mismo hombre que pretendía abolir la Ley de de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, el llamado Obamacare, y de un plumazo, dejar sin seguro médico a entre 20 y 30 millones de personas. En lo que sí fue consecuente fue en realzar su bandera del proteccionismo: «nuestras industrias, nuestra gente, nuestro comercio».
Y después de vender el sueño americano doméstico, como quien cuenta un cuento antes de dormir a un niño, tocó el turno a la política exterior donde también más de lo mismo. El muro mexicano para contener las drogas y el crimen organizado, y la contención a la avalancha de inmigrantes con un sello ya conocido, el del recalcitrante Bush hijo, que como Trump tienden a redefinir en su acepción más reducida el concepto de familia.
Para el magnate, China y Rusia siguen siendo «los rivales»; Irán, «una corrupta dictadura» y Corea del Norte, «la cruel dictadura que amenaza nuestra patria». Frente a lo que denominó «regímenes díscolos y grupos terroristas» pidió modernizar el arsenal nuclear. Y en un ejercicio de cinismo sin límites, se atribuyó la derrota al terrorismo extremista en Oriente Medio. Cumpliendo con aquello de cuando el río suena, anunció públicamente su decisión de mantener la cárcel ilegal en el territorio ocupado aquí en esta isla, en Guantánamo.
Y a La Habana, solo una oración, en la que sumó además a Caracas: «Mi Gobierno también ha impuesto duras sanciones a las dictaduras comunistas y socialistas en Cuba y en Venezuela». Parece poco entre tanta palabrería, pero su sola mención dice que siguen siendo prioridad en la agenda internacional.
Este es Trump, no ha habido sorpresas: nosotros, los mejores, primero. El mismo que advierte que los dólares estadounidenses son solo para los amigos y que quien se salga del camino, sufrirá todo el peso de su chantaje y presiones.

Nunca fue más imperial #EEUU que cuando se convirtió en el Zar del ciberespacio

Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Juan Fernández López, publicado en febrero del 2013, muestra del dominio imperial del ciberespacio por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
cibercomando
Tribuna de alerta, concertación y proyecciones concretas devino el “II Taller Internacional sobre las redes sociales y los medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, celebrado en La Habana entre los días 11 y 13 de febrero.
Representantes de Alemania, Angola, Argentina, Belarús, Bélgica, Bolivia, Brasil, China, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guinea Ecuatorial, Irán, Italia, Japón, México, Nicaragua, Palestina, República Dominicana, Rusia, Suiza y Venezuela, compartieron experiencias para continuar sin descanso una batalla que exige más preparación y articulación, dadas las dimensiones del desafío global y la oportunidad real de que nuestros pueblos asuman tan importantes armas cada vez con mayor efectividad.
La Declaración final del evento recogió un alerta compartido: Internet es hoy “expresión de un mundo desigual e injusto, regido por la privatización y comercialización voraces. La democratización de la gobernanza global de Internet debe ubicarse en el centro de la agenda internacional; está en juego no sólo la seguridad de los Estados, sino también la soberanía, autodeterminación y coexistencia pacífica de las naciones, y el derecho universal y sin discriminación al conocimiento. Desde las redes sociales debe crecer el respaldo a los esfuerzos que apuntan a la imperiosa democratización de la gobernanza global de Internet.”
Momentos antes de la clausura, la ponencia presentada por Rosa Miriam Elizalde, editora jefa de Cubadebate, revelaba que: “Desde que Internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria, aunque los viejos mapas digan otra cosa. Su fuerza parece difusa, porque está encubierta con números IP, nombres de dominios, cables transatlánticos, conexiones satelitales y una retórica de la neutralidad que nos vende el sueño de que estamos en la ruta del desarrollo y el progreso.”
“Sin embargo, -sostuvo la periodista- nunca fue más imperial ese país que cuando se convirtió en el zar del ciberespacio, con total inconciencia de que su modelo de acceso, dependiente de las lógicas del mercado y la depredación ecológica, no solo cava la tumba de nuestros nietos, sino la de los suyos.”
Ante tales realidades, el II Taller se pronunció por “promover la difusión de un pensamiento descolonizador sobre el uso de estas tecnologías y la promoción del uso de Internet, no acotado por la regulación del mercado, sino en beneficio de todos los pueblos y en particular, de los que menos tienen, alejados del mercenarismo y los patrones consumistas de los países occidentales hegemónicos”.
Otros factores claves de esa batalla emergieron reiteradamente en las ponencias y debates, que fueron debidamente recogidos en la Declaración final:  “Estimular el aporte de las más jóvenes generaciones en estas nuevas plataformas como fuerzas activas progresistas”; “la conveniencia de que los mecanismos de integración que existen en América Latina y el Caribe coloquen permanentemente como parte de su agenda, los temas de la comunicación y la información, en tanto constituyen elementos estratégicos de seguridad y soberanía”, así como concertar la capacitación regional en estos temas.
Asimismo, el evento convocó a dar pasos decididos con el propósito de socializar contenidos, información, contactos y experiencias para el trabajo con las plataformas y herramientas de Internet, sobre la base de una definida estrategia política.
Los participantes expresaron el compromiso de seguir combatiendo en el ciberespacio por la libertad de los Cinco Héroes cubanos injustamente encarcelados en EE.UU.; por la causa del pueblo venezolano y la salud de su Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, así como reafirmaron el apoyo y solidaridad con la Revolución ciudadana de Ecuador.
Las intervenciones, los encuentros dentro y fuera de la sala de convenciones, las nuevas ideas y concertaciones, auguran mayor claridad y coordinación para continuar rompiendo el monopolio de los grandes medios de comunicación que dominan Internet y las redes sociales.
Muchos llamaron la atención en la necesidad de utilizar las propias armas del enemigo para enfrentarlo; la certeza de que el ciberespacio debe ser sitio para la socialización y no para el aislamiento; para la solidaridad y no para el odio; para la convocatoria al combate revolucionario y no para la desmovilización, el egocentrismo, la frivolidad o la ciberguerra de todo tipo, incluso la subversión ideológica que atenta contra la cultura de los pueblos y su soberanía.
Una palabra mágica se empinó contra la hegemonía y el dominio imperial del ciberespacio: articulación. Ese es quizás el fruto mayor del encuentro en La Habana y el convencimiento general de que no se puede esperar a mañana.

jueves, 1 de febrero de 2018

#Cuba y la #Internet ¿Quién bloquea a quién?

Por Redacción Razones de Cuba
Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Atilio A. Boron, publicado en febrero del 2015, muestra de las acciones dedicadas a subvertir el orden interno en Cuba, por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
El nerviosismo que se ha apoderado de la derecha latinoamericana con la “normalización” de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha desatado una serie de manifestaciones que asombran por la impunidad con que se desfigura la realidad. Un ejemplo lo ofrece la columna de Andrés Oppenheimer [1] en La Nación del Martes 2 de Febrero cuyo título lo dice todo: “La clave de la libertad en Cuba es el acceso a Internet” [2].
El articulista, conocido por su visceral rechazo a toda la obra de la Revolución Cubana, se pregunta si “el régimen cubano aceptará la ayuda estadounidense para expandir el acceso a Internet.” Poco más adelante recuerda que en su discurso del 17 de Diciembre del 2014 Obama dijo que “Washington eliminará varias regulaciones que impedían a las empresas estadounidenses exportar teléfonos inteligentes, software de Internet y otros equipos de telecomunicaciones, pero a juzgar por lo que me dicen varios visitantes que acaban de regresar de la isla, hay buenas razones para ser escépticos respecto de que el régimen cubano lo permita.”
El remate de su artículo es de antología: “Washington debería centrarse en Internet. Y si Cuba no quiere hablar del tema, Estados Unidos y los países latinoamericanos deberían denunciar al régimen cubano por lo que es: una dictadura militar a la que ya se le acabaron las excusas para seguir prohibiendo el acceso a Internet en la isla.”

Prefiero no perder tiempo en rebatir la inaudita caracterización de Cuba como una dictadura militar, que en un examen de Introducción a la Ciencia Política merecería el fulminante aplazo del estudiante que osara manifestar una ocurrencia (que no es lo mismo que una idea, más respeto a Hegel, ¡por favor!) de ese tipo. Oppenheimer no es uno de los energúmenos que pululan en la televisión norteamericana, violadores seriales de las más elementales normas del oficio periodístico. Pero el nerviosismo y la desesperación que se ha apoderado de los grupos anticastristas de Miami -cada vez más reducidos y desprestigiados- lo deben haber contagiado e impulsado a escribir una nota pletórica de falsedades. Me limitaré a señalar tres.Primero, no puede ignorar que a causa del bloqueo Cuba ingresó parcial y tardíamente al ciberespacio, y cuando se produjo la vertiginosa expansión de la banda ancha y de la Internet la Casa Blanca presionó brutalmente a quienes le ofrecían esos servicios a la isla para que los interrumpieran de inmediato, orden que por supuesto no pudo ser desobedecida por los pequeños países de la cuenca del Caribe.
Por eso, hasta la llegada del cable submarino procedente de Venezuela, hace poco más de un año, la conexión de Internet en Cuba se hacía exclusivamente por satélite. Ahora existe ese enlace físico, pero desgraciadamente el grueso del creciente tráfico cubano todavía debe transitar a través de lentos y muy costosos enlaces satelitales, y con un ancho de banda absolutamente insuficiente. Problemas que no se deben a una decisión de La Habana sino a la obcecación de Washington.Segundo, antes de preguntarse si La Habana aceptará la ayuda que promete Obama convendría que Oppenheimer averiguase si Washington aceptará poner fin al cerco informático dispuesto en contra de Cuba. Su argumento parece salido de una canción para niños de María E. Walsh: “El reino del revés”. No fue Cuba quien ante el advenimiento de la revolución de las comunicaciones decidió hacerse un harakiri informático sino que fue el imperio quien, consciente de la importancia de esas nuevas tecnologías, extendió los alcances de su criminal bloqueo para incluir también a la Internet. Cualquiera que haya visitado ese país sabe que no se puede acceder a muchísimos sitios de la red ni disponer de los principales instrumentos de navegación en el ciberespacio.
Si lo intenta casi invariablemente aparecerá un fatídico mensaje de “Error 403” diciendo algo así como “Desde el lugar en que se encuentra no podrá acceder a este URL” u otro más elocuente: “El país en el que se encuentra tiene prohibido acceder a esta página”. No se puede utilizar el Skype, el Google Earth, o las plataformas de desarrollo colaborativo Google Code y Source Force, o descargar libremente las aplicaciones del Android.
Y cuando se puede, el reducido ancho de banda hace prácticamente imposible trabajar con un mínimo de rapidez y eficiencia. Todo esto, ¿por culpa del gobierno cubano? A mediados del año pasado el CEO de Google, Eric Schmidt, encabezó una delegación que visitó a Cuba como respuesta a las acusaciones de que el gigante informático bloqueaba el acceso a sus servicios. Después de comprobar que varios productos de Google no estaban disponibles Schmidt señaló oblicuamente al responsable al decir que “las sanciones estadounidenses en contra de Cuba desafiaban a la razón.”Tercero, tal vez Oppenheimer tiene razón en su escepticismo, pero no por causa de Cuba sino de Estados Unidos. Porque, ¿cómo olvidar que a comienzos de su primer mandato Obama ya había prometido lo que volvió a prometer hace poco más de un mes: “suavizar” algunas sanciones contempladas para las empresas informáticas que tengan negocios con Cuba? ¿Qué fue lo que ocurrió? Poco y nada. Ojalá que ahora sea diferente. La Ley Torricelli, de 1992, había permitido la conexión a Internet por vía satelital pero con una decisiva restricción: que cada prestación fuese contratada con empresas norteamericanas o sus subsidiarias previa aprobación del Departamento del Tesoro. Este impuso estrictos límites y estableció sanciones extraordinarias –por ejemplo, multas de 50 000 dólares por cada violación- para quienes favorecieran, dentro o fuera de los Estados Unidos, el acceso de los cubanos a la red.
Lo que hizo Obama, en Marzo del 2010, fue eliminar algunas de estas sanciones, especialmente para las empresas que faciliten gratuitamente aplicaciones de correo electrónico, chat y similares. Pese a ello, en 2012, la sucursal en Panamá de la compañía Ericsson tuvo que pagar una multa de casi dos millones de dólares al Departamento de Comercio de Estados Unidos por violar las restricciones de exportación de equipos de comunicación a Cuba. Como siempre: una de cal, otra de arena. Por eso la accesibilidad sin restricciones a la red continúa tropezando con los grilletes del bloqueo. La “ciberguerra” que Washington le ha declarado a Cuba, un país que sigue estando escandalosamente incluido en la lista de los “patrocinadores del terrorismo”, continúa su curso. ¿Cumplirá esta vez Obama con su promesa? ¿Quién es el que “prohíbe” el acceso a la Internet en Cuba?

martes, 30 de enero de 2018

Cuba: Marco Rubio, secreto apoyo al terrorismo usando a la CIA y a espaldas del FBI.

Por Percy Alvarado
Dos cuestiones esenciales y no tan públicas colocan actualmente al senador  Marco Rubio sobre la polémica. La primera de ellas es el desafío visto en Marco por parte de otros liderzuelos de la extrema derecha floridana, particularmente en el caso de los dirigentes de la llamada Asamblea de la Resistencia, Orlando Gutiérrez Boronat y Silvia Iriondo, liderzuelos del Directorio Democrático Cubano y MAR por Cuba, respectivamente. Tanto ellos, como los Díaz-Balart, sienten un fuerte resquemor ante el desenfreno protagónico de Marco Rubio.
¿Cuál ha sido el punto álgido del nuevo encontronazo entre Rubio y la pareja Gutiérrez-Iriondo? Pues nada menos que Luis Posada Carriles, quien espera arribar el próximo 15 de febrero a los 90 años de edad. El terrorista cumpleañero parece haber decidido invitar a su festividad al senador floridano, aunque siente cierta reticencia como resultado de la ojeriza que ciertos cabecillas miamenses le tienen a Rubio. A su vez, Gutiérrez Boronat y Silvia Iriondo, piensan que el acercamiento entre Rubio y Posada solo es parte del juego político del senador y su desespero por afianzarse con este paso dentro de la línea dura anticubana. Para ellos Rubio busca inútilmente revivir a un cadáver.
La segunda cuestión, aún menos pública y peligrosa, es que Marco Rubio está usando su influencia como miembro del Comité de Inteligencia del Senado y sus estrechos vínculos con Mike Pompeo, el director de la CIA, para neutralizar el control que el FBI ejerce sobre Posada Carriles y sus movimientos. Esto resulta contradictorio cuando en otras ocasiones el propio Rubio ha reconocido que el control de los Feds frena cualquier conducta terrorista de Posada.
¿Por qué Rubio usa sus influencias en la CIA para coartar el control del FBI sobre Posada Carriles? Una fuente en la Agencia ha filtrado que Rubio, en su momento, impulsó la desclasificación de documentos de la CIA sobre Posada donde se señala la implicación del mismo en el derribo del avión de Cubana de Aviación en Barbados y su condición de activo de la agencia con su identificación con el identificativo CIA 201-300985. La finalidad de este plan era buscar una reacción explosiva en Posada y provocarlo para realizar nuevas acciones terroristas. Le tocó al FBI calmar al insensato y apaciguarlo usando a una fuente del Buró muy cercana al terrorista y puesta a su servicio. Esto, obviamente, dio al traste con el plan inicial de Rubio: incitar a Posada a realizar acciones terroristas contra hoteles e instalaciones turísticas cubanas.
Los próximos pasos de Rubio han estado dirigidos a minimizar el control de los federales sobre Posada Carriles  y aumentar, empero, el control suyo sobre este terrorista. Ha llegado a mencionar incluso, en un círculo muy cerrado, que conoce sobre el seguimiento que realiza el FBI sobre Posada al salir este de su domicilio, aunque dice desconocer cuál es la fuente que informa sobre las potenciales malas intenciones del connotado criminal. Sin embargo, lo cierto es que Rubio ha aumentado los contactos personales con Posada y ha tenido encuentros secretos con el mismo, adoptando el senador fuertes medidas de seguridad y compartimentación, como lo es la prohibición a Posada de llevar celulares, cámaras o cualquier medio de grabación a estos encuentros. Todo para dejar sordo al FBI y mantener su secreta conspiración terrorista contra Cuba.
Es que, ciertamente, el senador republicano por Florida desde 2010, Marco Antonio Rubio, se ha convertido, sin lugar a dudas, en el centro de los conflictos entre los principales cabecillas de la extrema derecha anticubana en USA. A la par ha usado su condición de miembro del Comité de Inteligencia en el Senado para codearse descaradamente en el deep state y emplear a las agencias de inteligencia de esa nación para afianzarse como uno de los más retrógrados y peligrosos políticos del momento. Para él, todo puede hacerse, incluso apoyar y propiciar acciones terroristas, con el fin de lograr a toda costa sus propósitos políticos y ambiciones personales: destruir a Cuba revolucionaria.
Ante el reto de repetir en el Senado en las elecciones del 2022, Rubio ha buscado complacer a los sectores radicales anticubanos con una dudosa imagen de ser “el mejor amigo del exilio histórico”, enfrentando las muchas dudas que sobre él existen, ya que no son pocos los que lo tildan de oportunista al comportarse como un corcho que flota en cualquier agua, así como por el hecho de que la mayoría significativa de la comunidad cubana en EE UU aprueba el acercamiento entre esta nación y Cuba o piensan que mantener el bloqueo contra la Isla solo robustece la postura política del gobierno cubano, aspectos que se distancian de las posiciones asumidas por Rubio. Particularmente, los hombres de negocio estadounidenses –más prácticos  y sabios que este senador– saben que el aislamiento hacia Cuba favorece a inversores de otras naciones como Rusia, China o alguno de sus pares europeos, en detrimento de los potenciales beneficios que pudieran obtener de una relación fuera de las tensiones actuales.
Paradójicamente, quien pide fuertes medidas de Trump contra Cuba como consecuencia de los supuestos ataques sónicos contra sus diplomáticos y promueve dudosas y reiteradas audiencias del Congreso contra la Isla, planea una peligrosa conspiración que pudiera afectar a miles de cubanos y turistas extranjeros en nuestro suelo. ¿Quién es entonces el verdadero terrorista?

viernes, 26 de enero de 2018

Niños dominicanos rinden homenaje a José Martí y Juan Pablo Duarte (+Fotos)