lunes, 5 de febrero de 2018

Cuba en Internet: Acompañamientos sin “favores demasiado caros”

Por Redacción Razones de Cuba
Razones de Cuba les propone el siguiente artículo, publicado en marzo de 2016, que muestra preguntas y respuestas a renombrados expertos de las comunicaciones sobre el dominio de Internet y la inclusión de Cuba en el ciberespacio, problemática que, dos años después, continúa siendo de vital importancia en aras de conservar la soberanía infraestructural en las telecomunicaciones de la Isla.
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cuba en internetLos cubanos queremos –necesitamos– internet. Y pronto. Como para ayer. Para mejorar nuestras conexiones comerciales, económicas, culturales; para estar un poco menos anclados en el siglo XX. Y eso es imposible mientras no exista una infraestructura de telecomunicaciones que permita un acceso amplio de las grandes mayorías, lo cual no lograremos aunque convirtamos hasta el último parque de nuestro país en un punto de acceso wifi. Para ello hacen falta miles de millones que el país tendría que erogar o buscarse unos compañeros de travesía que puedan ayudarnos sin que el favor salga demasiado caro.
En el pasado reciente, directivos de Google, el omnipresente poder de la internet Occidental, han manifestado el interés de la compañía en convertirse en dicho compañero de ruta para Cuba. El pasado 21 de marzo (2016), incluso, el presidente norteamericano Barack Obama, durante su visita a Cuba, declaró a la televisora ABC News que Google expandirá el acceso a Internet de nuestro país y que la empresa tiene una propuesta concreta para comenzar a establecer más acceso a Wifi y banda ancha en la isla (anuncio que hasta el momento no ha provocado ningún pronunciamiento por parte del gobierno cubano. Según fuentes consultadas –que pidieron no revelar su nombre– el gobierno no ha firmado ningún acuerdo).
Con o sin él, nos parece un asunto de vital importancia cómo se diseñará el desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones en nuestro país. Es por eso que decidimos lanzar un cuestionario a Niv Sardi, hacker de software libre y fundador del proyecto Butter; Pedro Miguel, periodista y editorialista del periódico La Jornada, y Amauri Chamorro, Comunicador Social con experiencia en varios movimientos sociales del continente. Ellos, desde sus respectivas experticias, dan cuenta de cómo sería este proceso y cuáles son las trampas de camino al Santo Grial de nuestro tiempo.
1- ¿Qué implicaciones tiene para Cuba (en materia de soberanía tecnológica) poner su infraestructura de telecomunicaciones en manos de compañías como Google y Facebook?
Niv Sardi (NS): Primero debemos ver un poco de historia de las telecomunicaciones y cómo se hacen los negocios en ese ámbito. Históricamente, los “servicios de telecomunicaciones” se limitaban al teléfono. Toda la plata que se podía hacer era a partir de la llamada, no habían muchos más servicios agregados; analizaban la cantidad de llamadas y de conexiones que necesitaban, dividían eso entre la cantidad de personas que querían conectar, y tenían el precio por minuto viable,estableciendo un promedio de la duración de las llamadas de la gente. Ese era el modelo antiguo.
Después se agregaron informaciones y otros servicios de pago con lo que aumentó el valor de la llamada, y con ello la factura de fin de mes del abonado. Con el surgimiento de internet el valor se movió de la infraestructura hacia las aplicaciones que corren sobre esa infraestructura. Las aplicaciones necesitan de la infraestructura de las telecomunicaciones para funcionar, pero los que extraen el valor de esa infraestructura de telecomunicación son las empresas de contenido, de aplicaciones llamadas OTT (Over The Top).
Hoy en día compañías como Facebook, Google, Twitter y Amazon, no operan redes de telecomunicaciones al hogar de las personas. Ellos crean otros tipos de redes, con las que extraen cada vez más el valor no vinculado a lo que aparece en la factura del abonado. Finalmente, la gente contrata un operador porque el valor para ellos está en estas aplicaciones OTT, pero no hay conexión financiera entre el operador de red (que permite la conexión) y el proveedor OTT (que atrae el cliente al operador de red).
El abaratamiento de la tecnología de conectividad hace que hoy tenga mucho sentido para estos operadores patrocinar zero-rating (banda liberada) hacia sus servidores, y que traten incluso de conectar a las personas que se comprometen a usar sus servicios (el proyecto internet.org de Facebook es un claro ejemplo de esto).
Entonces uno tiene que entender por qué ahora esas empresas están interesadas en tener a Cuba conectada. Ahí yo me pregunté por qué no están interesadas en tener a Haití conectado. El sueldo promedio de Haití es 15 dólares por mes; el sueldo promedio indicado de Cuba son cerca de 30 dólares por persona. Pero eso es Cuba: allí las personas tienen garantizado un montón de servicios básicos, como salud, educación, comida, por lo que tienen una capacidad de gastos mucho más importante que en Haití. Eso nos hace entender bastante bien por qué, no solo ideológicamente sino también estratégica y comercialmente, Cuba es interesante para esas empresas: porque son un montón de gente que pueden gastar mucha plata para un contexto caribeño.
En lo que respecta a la cuestión de la independencia tecnológica, no sé cómo van a negociarlo. Probablemente ellos ofrezcan su infraestructura y pedirán que esta les pertenezca en suelo cubano; habrá que ver si dejan cláusulas que permitan a empresas cubanas competir y sacar una infraestructura propia. Otros temas a analizar son cómo será la gobernanza de precios, si van a traer un contrato pre-hecho; si van a tener libertad de poner el precio y luego controlarlo por el mercado; las restricciones a la interoperabilidad, es decir, si mañana Google viene y pone fibra alrededor de toda la Isla qué deber tienen ellos de garantizar la conexión con fibra de Etecsa, o una empresa brasilera o cualquier otra que quiera entrar a las redes cubanas.
Todas estas son cuestiones que se deben tener presente. El riesgo de esto es estar dependiente y atado a un solo proveedor, porque atenta contra la posibilidad de que, si mañana Cuba crece y se integra a la economía mundial –en el sentido de que crezca su capacidad de gasto internacional hoy limitado por el bloqueo–, pueda entonces hacer sus propias reglas sin desechar lo que se va a hacer ahora para salir del apuro. Un desafío de la Revolución es asegurar que las reglas de conectividad estén en acuerdo con su política de inclusión; esa inclusión no interesa a estas empresas, ellas solo miden retorno.
Resumiendo, todavía hay muchas incógnitas pero yo miraría con atención las cuestiones de quién regula el precio, quién regula el acceso, quién regula la cantidad de personas incluidas, cómo son las capacidades de interoperabilidad, con otros detalles técnicos menores. Cualquier empresa externa que tenga el control de esta infraestructura tendrá un gran poder político y económico. Si mañana Google se enoja y se quiere ir de la isla y cae toda la infraestructura, se genera un tremendo problema.
Pedro Miguel (PM): La decisión de permitir que transnacionales como Google y Facebook controlen y operen tramos importantes de la infraestructura de telecomunicaciones conlleva riesgos graves para la soberanía de cualquier país. Es fundamental considerar que los intereses de tales empresas están alineados con los de sus inversionistas y que estos, en caso de conflicto, siempre terminan por invocar la protección política, diplomática y económica del gobierno de Estados Unidos, lo que a su vez puede abrir un margen para presiones injerencistas de toda suerte. Toda cesión de control en áreas estratégicas (telecomunicaciones, industrias extractiva y energética, transporte, industria alimentaria, etcétera) conlleva un debilitamiento de la soberanía nacional.
Amauri Chamorro(AC):Hay que entender primeramente algunas cosas. ¿Quién será propietario de la infraestructura que ellos entregarán, entre software, middleware y hardware? ¿El pueblo cubano o Google y Facebook? ¿Será código abierto? ¿Habrá transferencia tecnológica para la soberanía en la infraestructura? Estas son cuestiones indispensables que deben ser respondidas para poder tomar una decisión.
Realmente, ni Facebook ni Google realizarán la transferencia de tecnología suficiente para que el pueblo cubano sea soberano. Es un riesgo incalculable para Cuba, que dependan de empresas norteamericanas para conectarse con el mundo. Quedan expuestos a las presiones de políticos de EE.UU. que podrán presionar fácilmente a estas empresas a cerrar la llave y boicotear la conectividad de Cuba con el mundo.
Por otro lado, en el momento que se utilice la infraestructura de empresas de este tipo, que han sido ampliamente denunciadas por Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, como proveedoras de informaciones privadas de millones de ciudadanos a lo largo y ancho del planeta, Cuba deberá saber que los EE.UU. tendrán acceso al principal recurso construido a partir del triunfo de la Revolución: la cultura.
Más que datos de contactos, dónde viven, emails, etcétera; Facebook y Google van a proveer al imperio de un volumen incontable de datos (Big Data), que permitirá comprender por medio de parámetros numéricos la opinión, los gustos, lo que piensa y lo que deja de pensar el pueblo cubano. Será muy fácil, a partir de la recolección de este tipo de información, poder realizar acciones desestabilizadoras, como ya ocurre en otros países con gobiernos progresistas.
Esa es una forma de mantener subyugado al pueblo, a sus voluntades políticas. En un mundo donde la comunicación e información son al mismo tiempo un derecho, deben ser tomados también como un recurso inherente a la supervivencia de un Estado. Aún más un Estado tan transcendental a nivel mundial como Cuba. Darle acceso gratuito a Cuba a partir de empresas tan corruptas como Facebook y Google, es un premio simbólico que los norteamericanos quieren mostrar al mundo. Cuba no debería aceptarlo. Ni por tecnología, ni por cultura.
2- En caso de que no se hiciera esta conexión a través de una de esas compañías ¿podría Cuba mantener la soberanía en las comunicaciones digitales, teniendo en cuenta que, después de todo, los países de Latinoamérica se conectan por el nodo de Miami?
NS: Uno debe entender que hay una cuestión estratégica. Cuba está entrando a la internet, no se sabe muy bien cómo va a ser el patrón de uso, qué van a tener ellos de la tecnología. Siento que hay una gran oportunidad para desarrollar servicios cubanos que respondan mejor a las demandas y a las costumbres cubanas que servicios externos. Esa posibilidad puede llegar a ser limitada si no controlan su infraestructura, porque para Google puede ser preferible que el tráfico vaya a Miami. El otro problema es que el control de las fibras permite crear políticas para defender la privacidad interna, como es el caso de responder de dónde viene el tráfico interno antes de salir al cable de Miami. Efectivamente, este tema es complejo para la libertad y soberanía de los pueblos, y requiere de desarrollo de aplicaciones locales.
PM: Sí, se podría mantener la soberanía dentro del territorio cubano, aunque sea acotada por la configuración internacional de las redes de telecomunicaciones. El riesgo principal de esa configuración se refiere a la posibilidad de una desconexión unilateral y al enorme margen de que disfruta Estados Unidos para interferir y espiar las conexiones internacionales en instalaciones situadas en su territorio. Pero ese riesgo se puede minimizar por lo que hace a los intercambios de información que tienen lugar dentro del territorio cubano, a condición de que la nación mantenga el control y la operación de las redes internas.
AC: América Latina no puede depender de los EE.UU. para conectarse. Hay que fijarse en la experiencia China, que mantiene su soberanía tecnológica. Por la posición geográfica de la Isla, así como su increíble potencial científico desarrollado, podrían convertirse en un centro de conectividad con América Latina y Europa, sin depender de los EE.UU.
3- Cuba es un país del Tercer Mundo que no cuenta con los recursos suficientes para desarrollar dicha infraestructura a corto plazo. ¿Cuál sería el mejor modelo para lograr ese desarrollo sin perder la soberanía? ¿Existe otro esquema en el que se pueda contar con inversión extranjera sin perder la independencia?
NS: El problema es siempre el mismo, ver el límite de lo que quieren las empresas extranjeras para poder invertir. Me parece muy inspirador el modelo chino. China dijo “nosotros tenemos un montón de personas que te proporcionan mano de obra barata, tú quieres implementar acá tus empresas; entonces tendrás que hacer una empresa china con el Estado chino”. En realidad, muchas empresas no vieron que ese acuerdo brindaba a los chinos 50% de participación de la propiedad intelectual de la empresa. Entonces ahí el intercambio era fuerza de trabajo barata contra propiedad intelectual, lo que le permitió después a China desarrollar clones de tecnología y absorber know-how.
Para Cuba y toda América Latina uno de los negocios que habría que presentar es la opción de decir “no hay problema, trabajamos en conjunto, pero convengamos en que todos los equipamientos que van a meter a la Isla nos pertenecen a la mitad, o encontremos alguna otra fórmula que sea aceptable”, para que, si las compañías se van mañana, no se puedan llevar la infraestructura, y así se pueda garantizar la soberanía política.
También se debe tener un derecho a decir qué tecnologías se van a usar. Es importante tener un enfoque muy fuerte en la cuestión de la interoperabilidad; deben asegurarse que toda la tecnología que se introduzca en la instalación nueva sea interoperable, que cumpla con los estándares, que sea abierta, que cuente con garantías de acuerdo a los derechos internacionales del funcionamiento de interconexión. Eso permitirá que mañana se pueda cambiar de proveedor, asegurar otras tecnologías y que las reglas no tendrán círculos cerrados, sino se podrá extender de la manera que mejor funcione en ese momento.
El mundo de la tecnología y de las redes es muy cambiante, muy rápido; los costos están bajando vertiginosamente, sobre todo el material de fibra. Hay soluciones de software libre en comunicaciones, existen soluciones de 4G, completamente libres, usando tecnología de radio abierta y todo esto permite entrever en un futuro próximo la creación de esa red. De acuerdo a lo que Google está proponiendo, se podría hacer mucho con el software y hardware libre; incluso, el gobierno cubano puede pedirle a Google la liberación de mucha de su tecnología, una acción que pudiera ser coherente con la retórica de ambos.
PM: El argumento de la falta de recursos es cuestionable por el abaratamiento sostenido de los componentes físicos de las redes digitales. Un ejemplo es la tecnología inalámbrica (LTE, Wimax, etcétera), cuyos costos de instalación son mucho más reducidos que los tendidos alámbricos, sea de cobre o de fibra óptica. China ha desarrollado un modelo propio de Internet y podría explorarse la colaboración de ese país (gobierno y empresas) para desarrollar en Cuba un modelo similar. Pero el modelo más adecuado está por construir: es el de una red latinoamericana propia. Los procesos de integración regional impulsados en los últimos lustros dejaron pasar el momento ideal para un proyecto como el mencionado. La circunstancia actual, ante las dificultades de los gobiernos venezolano y brasileño y la derrota del kirchnerismo en Argentina, no es sin duda la óptima, pero no por ello se debe dejar de insistir en la pertinencia, la necesidad y hasta la urgencia de que América Latina cuente con una red digital soberana.
AC: Existen algunos países como China, Rusia e India que producen infraestructura tecnológica para esta interconexión y en lo político están mucho más alineados a los intereses del pueblo cubano. China es el gran financiador del mundo, creo que el camino es por ahí.

viernes, 2 de febrero de 2018

Donald habló del estado de Trump

Por Anisley Torres Santesteban

DISC UNION TRUMP
Donald Trump ha hablado otra vez, desde el Congreso a todo el país y el mundo en lo que se conoce como el discurso sobre el Estado de la Unión, en este sentido sería el primero de su tipo que da, pero a pesar de su extensión: una hora y 20 minutos —largo en comparación con el de sus predecesores— estuvo repleto de frases repetidas, no hubo asombro con los temas y de nuevo presenciamos un panegírico que desconoce la modestia hacia su propia gestión.
Escuchando su arenga, me preguntaba si el señor Trump habita en una realidad paralela o vive en una tercera dimensión, al decir cosas como «una nueva oleada de optimismo recorría el país», en referencia a su primera comparecencia en el Capitolio de Washington.
¿Es optimismo lo que percibe? Buen filtro debe tener para no ver o sentir la incomodidad que recorre las calles donde se le ha comparado con una rata o una gallina, por solo mencionar dos. A esta idea le seguían otras donde predominaban los adjetivos apologéticos: «avances increíbles y resultados extraordinarios». Le siguieron anécdotas y más anécdotas de las heroicidades de los norteamericanos para coronar las historias con un derroche de narcisismo a la «american way» o manera americana: «no hay pueblo en la tierra tan valiente, audaz y decidido como el estadounidense».
El hecho de singularizar su discurso y nombrar a hombres de carne y hueso es un muy buen recurso para llegar a su oyente, de indudable efecto. En medio de tanta loa, incorporó resumidos ejemplos de logros concretos y seductores para su público: la creación de puestos de trabajo, subida de salarios, la confianza del empresariado y por supuesto, no podía faltar los bombos y platillos para su amada reforma fiscal, la misma que privilegia exclusivamente a los de su especie, los aplastantemente ricos.
Tuvo incluso espacio para hablar de salud y mentir de la manera más descarada al prometer rebajar los precios de los medicamentos, y esto lo dijo el mismo hombre que pretendía abolir la Ley de de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, el llamado Obamacare, y de un plumazo, dejar sin seguro médico a entre 20 y 30 millones de personas. En lo que sí fue consecuente fue en realzar su bandera del proteccionismo: «nuestras industrias, nuestra gente, nuestro comercio».
Y después de vender el sueño americano doméstico, como quien cuenta un cuento antes de dormir a un niño, tocó el turno a la política exterior donde también más de lo mismo. El muro mexicano para contener las drogas y el crimen organizado, y la contención a la avalancha de inmigrantes con un sello ya conocido, el del recalcitrante Bush hijo, que como Trump tienden a redefinir en su acepción más reducida el concepto de familia.
Para el magnate, China y Rusia siguen siendo «los rivales»; Irán, «una corrupta dictadura» y Corea del Norte, «la cruel dictadura que amenaza nuestra patria». Frente a lo que denominó «regímenes díscolos y grupos terroristas» pidió modernizar el arsenal nuclear. Y en un ejercicio de cinismo sin límites, se atribuyó la derrota al terrorismo extremista en Oriente Medio. Cumpliendo con aquello de cuando el río suena, anunció públicamente su decisión de mantener la cárcel ilegal en el territorio ocupado aquí en esta isla, en Guantánamo.
Y a La Habana, solo una oración, en la que sumó además a Caracas: «Mi Gobierno también ha impuesto duras sanciones a las dictaduras comunistas y socialistas en Cuba y en Venezuela». Parece poco entre tanta palabrería, pero su sola mención dice que siguen siendo prioridad en la agenda internacional.
Este es Trump, no ha habido sorpresas: nosotros, los mejores, primero. El mismo que advierte que los dólares estadounidenses son solo para los amigos y que quien se salga del camino, sufrirá todo el peso de su chantaje y presiones.

Nunca fue más imperial #EEUU que cuando se convirtió en el Zar del ciberespacio

Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Juan Fernández López, publicado en febrero del 2013, muestra del dominio imperial del ciberespacio por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
cibercomando
Tribuna de alerta, concertación y proyecciones concretas devino el “II Taller Internacional sobre las redes sociales y los medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, celebrado en La Habana entre los días 11 y 13 de febrero.
Representantes de Alemania, Angola, Argentina, Belarús, Bélgica, Bolivia, Brasil, China, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guinea Ecuatorial, Irán, Italia, Japón, México, Nicaragua, Palestina, República Dominicana, Rusia, Suiza y Venezuela, compartieron experiencias para continuar sin descanso una batalla que exige más preparación y articulación, dadas las dimensiones del desafío global y la oportunidad real de que nuestros pueblos asuman tan importantes armas cada vez con mayor efectividad.
La Declaración final del evento recogió un alerta compartido: Internet es hoy “expresión de un mundo desigual e injusto, regido por la privatización y comercialización voraces. La democratización de la gobernanza global de Internet debe ubicarse en el centro de la agenda internacional; está en juego no sólo la seguridad de los Estados, sino también la soberanía, autodeterminación y coexistencia pacífica de las naciones, y el derecho universal y sin discriminación al conocimiento. Desde las redes sociales debe crecer el respaldo a los esfuerzos que apuntan a la imperiosa democratización de la gobernanza global de Internet.”
Momentos antes de la clausura, la ponencia presentada por Rosa Miriam Elizalde, editora jefa de Cubadebate, revelaba que: “Desde que Internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria, aunque los viejos mapas digan otra cosa. Su fuerza parece difusa, porque está encubierta con números IP, nombres de dominios, cables transatlánticos, conexiones satelitales y una retórica de la neutralidad que nos vende el sueño de que estamos en la ruta del desarrollo y el progreso.”
“Sin embargo, -sostuvo la periodista- nunca fue más imperial ese país que cuando se convirtió en el zar del ciberespacio, con total inconciencia de que su modelo de acceso, dependiente de las lógicas del mercado y la depredación ecológica, no solo cava la tumba de nuestros nietos, sino la de los suyos.”
Ante tales realidades, el II Taller se pronunció por “promover la difusión de un pensamiento descolonizador sobre el uso de estas tecnologías y la promoción del uso de Internet, no acotado por la regulación del mercado, sino en beneficio de todos los pueblos y en particular, de los que menos tienen, alejados del mercenarismo y los patrones consumistas de los países occidentales hegemónicos”.
Otros factores claves de esa batalla emergieron reiteradamente en las ponencias y debates, que fueron debidamente recogidos en la Declaración final:  “Estimular el aporte de las más jóvenes generaciones en estas nuevas plataformas como fuerzas activas progresistas”; “la conveniencia de que los mecanismos de integración que existen en América Latina y el Caribe coloquen permanentemente como parte de su agenda, los temas de la comunicación y la información, en tanto constituyen elementos estratégicos de seguridad y soberanía”, así como concertar la capacitación regional en estos temas.
Asimismo, el evento convocó a dar pasos decididos con el propósito de socializar contenidos, información, contactos y experiencias para el trabajo con las plataformas y herramientas de Internet, sobre la base de una definida estrategia política.
Los participantes expresaron el compromiso de seguir combatiendo en el ciberespacio por la libertad de los Cinco Héroes cubanos injustamente encarcelados en EE.UU.; por la causa del pueblo venezolano y la salud de su Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, así como reafirmaron el apoyo y solidaridad con la Revolución ciudadana de Ecuador.
Las intervenciones, los encuentros dentro y fuera de la sala de convenciones, las nuevas ideas y concertaciones, auguran mayor claridad y coordinación para continuar rompiendo el monopolio de los grandes medios de comunicación que dominan Internet y las redes sociales.
Muchos llamaron la atención en la necesidad de utilizar las propias armas del enemigo para enfrentarlo; la certeza de que el ciberespacio debe ser sitio para la socialización y no para el aislamiento; para la solidaridad y no para el odio; para la convocatoria al combate revolucionario y no para la desmovilización, el egocentrismo, la frivolidad o la ciberguerra de todo tipo, incluso la subversión ideológica que atenta contra la cultura de los pueblos y su soberanía.
Una palabra mágica se empinó contra la hegemonía y el dominio imperial del ciberespacio: articulación. Ese es quizás el fruto mayor del encuentro en La Habana y el convencimiento general de que no se puede esperar a mañana.

jueves, 1 de febrero de 2018

#Cuba y la #Internet ¿Quién bloquea a quién?

Por Redacción Razones de Cuba
Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Atilio A. Boron, publicado en febrero del 2015, muestra de las acciones dedicadas a subvertir el orden interno en Cuba, por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
El nerviosismo que se ha apoderado de la derecha latinoamericana con la “normalización” de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha desatado una serie de manifestaciones que asombran por la impunidad con que se desfigura la realidad. Un ejemplo lo ofrece la columna de Andrés Oppenheimer [1] en La Nación del Martes 2 de Febrero cuyo título lo dice todo: “La clave de la libertad en Cuba es el acceso a Internet” [2].
El articulista, conocido por su visceral rechazo a toda la obra de la Revolución Cubana, se pregunta si “el régimen cubano aceptará la ayuda estadounidense para expandir el acceso a Internet.” Poco más adelante recuerda que en su discurso del 17 de Diciembre del 2014 Obama dijo que “Washington eliminará varias regulaciones que impedían a las empresas estadounidenses exportar teléfonos inteligentes, software de Internet y otros equipos de telecomunicaciones, pero a juzgar por lo que me dicen varios visitantes que acaban de regresar de la isla, hay buenas razones para ser escépticos respecto de que el régimen cubano lo permita.”
El remate de su artículo es de antología: “Washington debería centrarse en Internet. Y si Cuba no quiere hablar del tema, Estados Unidos y los países latinoamericanos deberían denunciar al régimen cubano por lo que es: una dictadura militar a la que ya se le acabaron las excusas para seguir prohibiendo el acceso a Internet en la isla.”

Prefiero no perder tiempo en rebatir la inaudita caracterización de Cuba como una dictadura militar, que en un examen de Introducción a la Ciencia Política merecería el fulminante aplazo del estudiante que osara manifestar una ocurrencia (que no es lo mismo que una idea, más respeto a Hegel, ¡por favor!) de ese tipo. Oppenheimer no es uno de los energúmenos que pululan en la televisión norteamericana, violadores seriales de las más elementales normas del oficio periodístico. Pero el nerviosismo y la desesperación que se ha apoderado de los grupos anticastristas de Miami -cada vez más reducidos y desprestigiados- lo deben haber contagiado e impulsado a escribir una nota pletórica de falsedades. Me limitaré a señalar tres.Primero, no puede ignorar que a causa del bloqueo Cuba ingresó parcial y tardíamente al ciberespacio, y cuando se produjo la vertiginosa expansión de la banda ancha y de la Internet la Casa Blanca presionó brutalmente a quienes le ofrecían esos servicios a la isla para que los interrumpieran de inmediato, orden que por supuesto no pudo ser desobedecida por los pequeños países de la cuenca del Caribe.
Por eso, hasta la llegada del cable submarino procedente de Venezuela, hace poco más de un año, la conexión de Internet en Cuba se hacía exclusivamente por satélite. Ahora existe ese enlace físico, pero desgraciadamente el grueso del creciente tráfico cubano todavía debe transitar a través de lentos y muy costosos enlaces satelitales, y con un ancho de banda absolutamente insuficiente. Problemas que no se deben a una decisión de La Habana sino a la obcecación de Washington.Segundo, antes de preguntarse si La Habana aceptará la ayuda que promete Obama convendría que Oppenheimer averiguase si Washington aceptará poner fin al cerco informático dispuesto en contra de Cuba. Su argumento parece salido de una canción para niños de María E. Walsh: “El reino del revés”. No fue Cuba quien ante el advenimiento de la revolución de las comunicaciones decidió hacerse un harakiri informático sino que fue el imperio quien, consciente de la importancia de esas nuevas tecnologías, extendió los alcances de su criminal bloqueo para incluir también a la Internet. Cualquiera que haya visitado ese país sabe que no se puede acceder a muchísimos sitios de la red ni disponer de los principales instrumentos de navegación en el ciberespacio.
Si lo intenta casi invariablemente aparecerá un fatídico mensaje de “Error 403” diciendo algo así como “Desde el lugar en que se encuentra no podrá acceder a este URL” u otro más elocuente: “El país en el que se encuentra tiene prohibido acceder a esta página”. No se puede utilizar el Skype, el Google Earth, o las plataformas de desarrollo colaborativo Google Code y Source Force, o descargar libremente las aplicaciones del Android.
Y cuando se puede, el reducido ancho de banda hace prácticamente imposible trabajar con un mínimo de rapidez y eficiencia. Todo esto, ¿por culpa del gobierno cubano? A mediados del año pasado el CEO de Google, Eric Schmidt, encabezó una delegación que visitó a Cuba como respuesta a las acusaciones de que el gigante informático bloqueaba el acceso a sus servicios. Después de comprobar que varios productos de Google no estaban disponibles Schmidt señaló oblicuamente al responsable al decir que “las sanciones estadounidenses en contra de Cuba desafiaban a la razón.”Tercero, tal vez Oppenheimer tiene razón en su escepticismo, pero no por causa de Cuba sino de Estados Unidos. Porque, ¿cómo olvidar que a comienzos de su primer mandato Obama ya había prometido lo que volvió a prometer hace poco más de un mes: “suavizar” algunas sanciones contempladas para las empresas informáticas que tengan negocios con Cuba? ¿Qué fue lo que ocurrió? Poco y nada. Ojalá que ahora sea diferente. La Ley Torricelli, de 1992, había permitido la conexión a Internet por vía satelital pero con una decisiva restricción: que cada prestación fuese contratada con empresas norteamericanas o sus subsidiarias previa aprobación del Departamento del Tesoro. Este impuso estrictos límites y estableció sanciones extraordinarias –por ejemplo, multas de 50 000 dólares por cada violación- para quienes favorecieran, dentro o fuera de los Estados Unidos, el acceso de los cubanos a la red.
Lo que hizo Obama, en Marzo del 2010, fue eliminar algunas de estas sanciones, especialmente para las empresas que faciliten gratuitamente aplicaciones de correo electrónico, chat y similares. Pese a ello, en 2012, la sucursal en Panamá de la compañía Ericsson tuvo que pagar una multa de casi dos millones de dólares al Departamento de Comercio de Estados Unidos por violar las restricciones de exportación de equipos de comunicación a Cuba. Como siempre: una de cal, otra de arena. Por eso la accesibilidad sin restricciones a la red continúa tropezando con los grilletes del bloqueo. La “ciberguerra” que Washington le ha declarado a Cuba, un país que sigue estando escandalosamente incluido en la lista de los “patrocinadores del terrorismo”, continúa su curso. ¿Cumplirá esta vez Obama con su promesa? ¿Quién es el que “prohíbe” el acceso a la Internet en Cuba?

martes, 30 de enero de 2018

Cuba: Marco Rubio, secreto apoyo al terrorismo usando a la CIA y a espaldas del FBI.

Por Percy Alvarado
Dos cuestiones esenciales y no tan públicas colocan actualmente al senador  Marco Rubio sobre la polémica. La primera de ellas es el desafío visto en Marco por parte de otros liderzuelos de la extrema derecha floridana, particularmente en el caso de los dirigentes de la llamada Asamblea de la Resistencia, Orlando Gutiérrez Boronat y Silvia Iriondo, liderzuelos del Directorio Democrático Cubano y MAR por Cuba, respectivamente. Tanto ellos, como los Díaz-Balart, sienten un fuerte resquemor ante el desenfreno protagónico de Marco Rubio.
¿Cuál ha sido el punto álgido del nuevo encontronazo entre Rubio y la pareja Gutiérrez-Iriondo? Pues nada menos que Luis Posada Carriles, quien espera arribar el próximo 15 de febrero a los 90 años de edad. El terrorista cumpleañero parece haber decidido invitar a su festividad al senador floridano, aunque siente cierta reticencia como resultado de la ojeriza que ciertos cabecillas miamenses le tienen a Rubio. A su vez, Gutiérrez Boronat y Silvia Iriondo, piensan que el acercamiento entre Rubio y Posada solo es parte del juego político del senador y su desespero por afianzarse con este paso dentro de la línea dura anticubana. Para ellos Rubio busca inútilmente revivir a un cadáver.
La segunda cuestión, aún menos pública y peligrosa, es que Marco Rubio está usando su influencia como miembro del Comité de Inteligencia del Senado y sus estrechos vínculos con Mike Pompeo, el director de la CIA, para neutralizar el control que el FBI ejerce sobre Posada Carriles y sus movimientos. Esto resulta contradictorio cuando en otras ocasiones el propio Rubio ha reconocido que el control de los Feds frena cualquier conducta terrorista de Posada.
¿Por qué Rubio usa sus influencias en la CIA para coartar el control del FBI sobre Posada Carriles? Una fuente en la Agencia ha filtrado que Rubio, en su momento, impulsó la desclasificación de documentos de la CIA sobre Posada donde se señala la implicación del mismo en el derribo del avión de Cubana de Aviación en Barbados y su condición de activo de la agencia con su identificación con el identificativo CIA 201-300985. La finalidad de este plan era buscar una reacción explosiva en Posada y provocarlo para realizar nuevas acciones terroristas. Le tocó al FBI calmar al insensato y apaciguarlo usando a una fuente del Buró muy cercana al terrorista y puesta a su servicio. Esto, obviamente, dio al traste con el plan inicial de Rubio: incitar a Posada a realizar acciones terroristas contra hoteles e instalaciones turísticas cubanas.
Los próximos pasos de Rubio han estado dirigidos a minimizar el control de los federales sobre Posada Carriles  y aumentar, empero, el control suyo sobre este terrorista. Ha llegado a mencionar incluso, en un círculo muy cerrado, que conoce sobre el seguimiento que realiza el FBI sobre Posada al salir este de su domicilio, aunque dice desconocer cuál es la fuente que informa sobre las potenciales malas intenciones del connotado criminal. Sin embargo, lo cierto es que Rubio ha aumentado los contactos personales con Posada y ha tenido encuentros secretos con el mismo, adoptando el senador fuertes medidas de seguridad y compartimentación, como lo es la prohibición a Posada de llevar celulares, cámaras o cualquier medio de grabación a estos encuentros. Todo para dejar sordo al FBI y mantener su secreta conspiración terrorista contra Cuba.
Es que, ciertamente, el senador republicano por Florida desde 2010, Marco Antonio Rubio, se ha convertido, sin lugar a dudas, en el centro de los conflictos entre los principales cabecillas de la extrema derecha anticubana en USA. A la par ha usado su condición de miembro del Comité de Inteligencia en el Senado para codearse descaradamente en el deep state y emplear a las agencias de inteligencia de esa nación para afianzarse como uno de los más retrógrados y peligrosos políticos del momento. Para él, todo puede hacerse, incluso apoyar y propiciar acciones terroristas, con el fin de lograr a toda costa sus propósitos políticos y ambiciones personales: destruir a Cuba revolucionaria.
Ante el reto de repetir en el Senado en las elecciones del 2022, Rubio ha buscado complacer a los sectores radicales anticubanos con una dudosa imagen de ser “el mejor amigo del exilio histórico”, enfrentando las muchas dudas que sobre él existen, ya que no son pocos los que lo tildan de oportunista al comportarse como un corcho que flota en cualquier agua, así como por el hecho de que la mayoría significativa de la comunidad cubana en EE UU aprueba el acercamiento entre esta nación y Cuba o piensan que mantener el bloqueo contra la Isla solo robustece la postura política del gobierno cubano, aspectos que se distancian de las posiciones asumidas por Rubio. Particularmente, los hombres de negocio estadounidenses –más prácticos  y sabios que este senador– saben que el aislamiento hacia Cuba favorece a inversores de otras naciones como Rusia, China o alguno de sus pares europeos, en detrimento de los potenciales beneficios que pudieran obtener de una relación fuera de las tensiones actuales.
Paradójicamente, quien pide fuertes medidas de Trump contra Cuba como consecuencia de los supuestos ataques sónicos contra sus diplomáticos y promueve dudosas y reiteradas audiencias del Congreso contra la Isla, planea una peligrosa conspiración que pudiera afectar a miles de cubanos y turistas extranjeros en nuestro suelo. ¿Quién es entonces el verdadero terrorista?